Una software factory puede ser útil cuando el alcance está claro y hay una dirección técnica fuerte. El problema aparece cuando la contratación promete velocidad pero nadie ordena arquitectura, producto, deuda técnica ni operación.

El riesgo no es contratar afuera

El riesgo es tercerizar criterio. Si nadie puede explicar por qué se elige una arquitectura, cómo se reduce deuda técnica o qué pasa cuando cambian los requisitos, el proyecto queda dependiendo de cantidad de horas y no de calidad de decisiones.

Preguntas importantes

  • ¿Quién define la arquitectura y con qué criterios?
  • ¿Cómo se documentan decisiones, riesgos y supuestos?
  • ¿Qué pasa cuando cambia el alcance?
  • ¿El equipo entiende el negocio o solo implementa tickets?
  • ¿Hay pruebas, despliegue, monitoreo y transferencia real?

La señal más clara

Si la propuesta habla mucho de perfiles y poco de decisiones, probablemente falte criterio de producto e ingeniería. El software no se mide solo por velocidad de entrega: se mide por lo que habilita y por lo que no rompe.

Una revisión externa puede alcanzar

No siempre hace falta cambiar de proveedor. A veces alcanza con revisar el plan, ordenar riesgos, pedir entregables más claros y definir qué decisiones deben quedar documentadas antes de seguir gastando.